“No puede ser que la Justicia no haya hecho nada. Nadie ha hecho nada. Nos quieren decir con esto que cualquiera puede salir y matar a alguien, y que ya está... ¿Esto quedará así? ¿Nosotros no somos dignos de nada? ¿El ladrón tiene más beneficio? No es así la cosa”, apuntó Graciela Almirón. La joven se mostró ayer dominada por la sinrazón y el dolor, buscando una respuesta al crimen de su tío, Julio Alberto Almirón.

“Ahora, está muerto y nadie ha hecho nada. Y él no era un animal para que le hayan hecho eso. Queremos que se haga justicia porque nos han destrozado la vida”, insistió la sobrina con la voz quebrada y envuelta en lágrimas. Como la joven, el resto de la familia elevó el reclamo por respuestas oficiales durante el velatorio, que tuvo lugar en la vivienda de calle Olleros al 2.800, en la zona sur de la capital.

Amenazó con un arma y robó un local del centro

El hombre, de 58 años, falleció el domingo en el hospital Centro de Salud, después de una semana de agonía. El domingo 28 de abril, Almirón había recibido dos disparos en la zona del abdomen, según contaron los parientes, cuando desconocidos lo interceptaron en barrio Lola Mora para robarle la moto. Ese día, alrededor de las 5.30, regresaba de una fiesta familiar junto con su sobrina, Cecilia Almirón, de 18 años, y su cuñada, Ramona Lazarte, de 60 años. Otro proyectil impactó en la mano izquierda de la chica, de acuerdo a fuentes policiales.

“Venía manejando yo la moto y vi a través del espejo retrovisor que dos chicos se acercaban. Luego, apuntaron a mi cabeza con un revólver, al igual que a mi tío. Él (por el familiar) no quería bajarse. Le tiraba de la campera, pero no podía descender. Ahí, me pegaron el disparo”, relató la chica. Al herido lo llevaron en un auto hasta el hospital.

SIN RESPUESTAS. Los integrantes de la familia Almirón reclamaron “justicia” durante el velatorio.

“Ella frenó y un chango salió por detrás mío. ‘Parate, hijo de puta”, le dijo. Yo también le decía ‘dale, Almirón, después compramos otra moto’. Desciendo (del rodado) y veo que el chango, tras retroceder unos cinco metros, colocó el dedo en el gatillo. En ese instante, le grité ‘¡no!’ ¡Pum!, ¡Pum! Disparó varias veces”, recordó, por su parte, Ramona Lazarte. “He vivido cosas muy horribles en mi vida, pero nunca pensé que mi cuñado se iría de esta manera”, añadió.

“Sin detenidos”

Los tres parientes se desplazaban en una motocicleta Honda CG150 centímetros, de color rojo. Circulaban por avenida Pedro Miguel Aráoz, altura pasaje García Hamilton. Tras el hecho, el rodado desapareció. “No me quisieron tomar la denuncia en la comisaría 11. ‘Vaya a verlo a su familiar y después vuelva a hacer la presentación’, me dijo uno de los policías”, señaló Lazarte.

Los integrantes de la familia Almirón hicieron hincapié en que hasta ayer no habían sido llamados a declarar de manera oficial. “A mi padre le dispararon, fue hospitalizado y estuvo grave. Había una persona detenida, de 19 años, pero después nos enteramos que lo habían soltado porque había sido considerado un testigo”, reclamó Julio Almirón, hijo de la víctima. “Nadie fue a revisar el lugar, nadie fue a preguntar a alguna persona si habían visto lo sucedido. Nadie llegó al hospital para preguntar cómo estaba el herido”, agregó.

El hombre fallecido trabajaba desde hace unos 20 años como portero en un edificio de calle Marcos Paz al 700. Era fanático de San Martín y hoy hubiera cumplido 59 años. “Lo único que hacía era trabajar. Era una persona buena. Muchas amistades vinieron aquí a despedirlo (en el velatorio); ellos pueden decir lo bueno que era”, dijo Juana Cuevas, la hija.

“En definitiva, no hay denuncia, no hay testigo, no hay avance judicial, nada”, completó Romina Jaoffroy, otra sobrina.